martes, 31 de enero de 2012

F.


Es curioso de qué cosas nos acordamos. El otro día me vino a la mente una imagen de las duchas comunes de la piscina cubierta a la que solía ir los sábados de pequeña, donde una madre gritaba a su hija debajo de la ducha que cómo se le ocurría frotarse primero el culo y después la cabeza. Recuerdo con toda precisión el olor de aquellos vestuarios, el chándal de tactel verde azulado con franjas estampadas en blanco y lila, el talco de los calcetines de plástico. Mientras me secaba el pelo después de la clase de natación una señora dijo que se había muerto Lola Flores. Salí de allí con mi amiga, que moriría seis años más tarde.
Han pasado quince desde entonces y la vida ha tomado caminos inesperados.
Cada día cuenta.

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