domingo, 20 de febrero de 2011

Especial: TODO LO QUE SEA GRATIS

EL TRUCO DEL BILLETAZO

Acabo de meter en el bolsillo de la cazadora dos billetes de quinientos euros: mi sueldo y el dinero para pagar las luces que tengo que ir a buscar. La verdad es que no me apetece nada pero bueno, al fin y al cabo estoy currando por esa mierda de sueldo que me paga el estafador de mi jefe. Me acerco a por las luces y la cara de la dependienta se pone como si se estuviera cagando de repente cuando saco el billetazo. Me dice que no tienen cambio pero le digo que claro, yo las luces me las tengo que llevar, así que o me cambia o me voy sin pagar y ya volveré luego. La muchacha se va a buscar cambio por como una loca y yo me quedo ahí esperando a que vuelva, qué coñazo. Cuando por fin llega, me suelta un rollo de hasta dónde se ha tenido que ir y me da el cambio. Dejo las luces y voy a darle el dinero a mi jefe, cuando me doy cuenta de que ahora tengo los trescientos euros del cambio, el billete de mi sueldo y el billete de las luces. Uups. Lo suyo sería ir a darle el billete a la dependienta, pero ya que todo va a la organización (cuyas pérdidas no me causan ningún cargo de conciencia) y mi jefe me debe un mes de sueldo, considero legítimo guardarme el billete de quinientos que nadie tiene por qué echar en falta. Lo malo es que los dos papeles que tengo por valor de mil euros son todo mi dinero, no tengo ni un duro suelto. Me empieza a entrar el hambre y pido un bocadillo. Ya le he dado un mordisco cuando saco el billete para pagar. “Lo siento, no tenemos cambio, ya volverás a pagar otro día”. Bueno. Mola. ¿A ver? Sí, un helado. “Lo siento, no tenemos cambio, ya volverás a pagar otro día”. Esto es un filón.

Chicos, hoy invito yo.

Especial: SALIRSE CON LA SUYA

QUÉ HACER CUANDO TIENES UNA ENTREGA PARA AYER Y AÚN NO HAS EMPEZADO (Y ADEMÁS SACARLE PARTIDO)

El mundo de la traducción como autónomo no siempre es fácil. Claro que hay gente que le echa un morro admirable.

Me llamo Verena y tengo que traducir un certificado de notas. Ya retrasé la fecha de entrega alegando que tenía que hacer unas interpretaciones y no me iba a dar tiempo. La entrega es mañana pero la cuestión es que me he estado tocando las narices y no me apetece trabajar esta noche. Llamo por teléfono a mi cliente:

- Hola, soy Verena, llamo por lo de la traducción.

- Ah, hola.

- Mira, la cosa es que el texto es más complicado de lo que pensaba y no voy a poder tenerlo para mañana.

- Pero…

- Entonces va a tener que ser el jueves que viene. Además, el presupuesto que te di no es del todo correcto porque, al ser más complicado, te va a salir un poco más caro. Lo he calculado y te saldría por 50 euros más.

- ¿Qué?

- Es lo que hay. El jueves puedes pasar por mi casa a recogerlo.

Al día siguiente me levanto y me pongo con el texto. Hmmmm. No sé muy bien qué quiere decir esto. Llamo a mi cliente.

- Oye, mira, soy Verena.

- …

- Verás, tengo algunas dudas con el texto.

- ¿Qué pasa?

- ¿A qué se refieren con “créditos”? ¿Y qué significan las letras SB y N?

- Créditos son los puntos que se consiguen por las asignaturas de la universidad. Creo que en alemán se dice “Leistungspunkte”. Y SB y N son “sobresaliente” y “notable”, me imagino.

- Vale, perfecto. Y esto de “literatura francesa y cine” cómo lo traducirías?

- ¿No se supone que ese es su trabajo?

- Bueno, sí, perdona, sólo te estaba preguntando por tu opinión, ya que eres el cliente.

Cómo mola cobrar más por hacer el vago, entregar tarde y que el cliente me solucione las dificultades. Pedidme consejo si necesitáis saliros con la vuestra.

[Me gustaría que conste en acta que la historia es real pero, como en muchas otras historias en primera persona, yo no soy Verena]

martes, 15 de febrero de 2011

perdiendo la pluma

Escribir con papel y bolígrafo me resulta más fácil que hacerlo frente a la aséptica pantalla del ordenador. Es más personal, por así decirlo. A medida que la tinta impregna el espacio en blanco las ideas son más claras y las distracciones menores, da más tiempo a pensar y las palabras fluyen mientras se perfilan los trazos de las letras, las redondeces, los acentos. Las pausas parecen más reales. Los tachones causan una impresión visual estimulante, una pista sobre los errores que no se deben volver a cometer. La propia letra ya comunica, o al menos provoca algún tipo de sentimiento más real en torno a lo que se está haciendo.

La palabra escrita a mano va desapareciendo. Las cartas han quedado obsoletas ante el correo electrónico y las redes sociales, que son herramientas con muchas ventajas y grandes avances por el precio de una cierta autenticidad, la inequívoca autoría e intencionalidad de quien escribe un mensaje individual que va dirigido a un destinatario con el sello de algo especial. Sin embargo, en la era digital y tecnológica la tendencia es el llegar a más gente, el compartir con un número indeterminado de personas aquello que antes reservábamos para unos pocos escogidos por el esfuerzo y el coste que supone realizar una creación para cada uno de los destinatarios. Fuera del ámbito epistolar ocurre lo mismo, existiendo además la posibilidad de poder guardar, enviar, modificar (y no hablemos ya de copiar y pegar) documentos escritos, lo cual es inmensamente útil y ha revolucionado la manera de procesar la información (de acceso cada vez más ilimitado). Estudiar, investigar, trabajar, relacionarse con los demás y compartir por medio de la palabra escrita en la nueva era de las posibilidades tecnológicas es un lujo pero hoy, mientras escribo la entrada de un blog, echo de menos garabatear en el margen mientras pienso si tiene sentido siquiera escribir esta contradicción.

lunes, 14 de febrero de 2011

Decálogo: cosas que molan

1. Molar

2. Todo lo que sea gratis

3. Gente disfrazada de fruta

4. Irse de picos pardos

5. Ganar un premio Nobel

6. Tomate, aceite, ajo y sal

7. Tener superpoderes

8. Salirse con la suya

9. Palabras que acaban en –ete

10. Medias de rejilla


(No necesariamente por ese orden)

domingo, 13 de febrero de 2011

Los Otros

Están por todas partes, y siempre los habrá. El concepto de otredad implica un sentimiento de identidad hacia un grupo que nos diferencia del resto. “Nosotros” con respecto a “los Otros”. La película de Amenábar con el mismo título, la alemana La vida de los Otros o la (en última instancia decepcionante) serie Lost retratan a los Otros como un colectivo muy concreto al que, en general, hay que odiar, o al menos desconfiar de él.

La cuestión es que hacer categorías y agrupar nuestro universo etiquetando de alguna manera lo que percibimos a nuestro alrededor es inherente al ser humano. El peligro es asumir que los Otros son un problema, que todo lo que no forma parte de “nosotros” es peor, hostil o imposible de integrar en nuestra vida. Es como no admitir que la otredad forma parte nuestro mundo, y pretender que el mundo sería mejor si se eliminaran todos los Otros, nuestros enemigos. Lo reconozco: hay Otros que apestan. Pero siempre serás uno de los tuyos y un Otro para los demás. Hay quien con el tiempo se convierte en uno de los Otros. Lo que está claro es que, incluso si desaparecen, siempre habrá otros Otros.

lunes, 7 de febrero de 2011

Seguridad vial

Y aquí, queridos niños, es donde traemos a los conductores que han tenido un accidente para hacerles un análisis de sangre. Algunos se resisten, así que los atamos de pies y manos a la camilla con esas cuerdas que veis ahí antes de clavarles la aguja. Como veis, las ventanas son muy pequeñas y no se pueden abrir desde dentro para que no se puedan escapar. ¿Estarías vosotros cómodos aquí, niños? No, ¿verdad? Detrás de esa puerta hay un lavabo pero está cerrado para que sólo se pueda utilizar si hay un policía delante. Bueno, y ahora tenéis que estar muy calladitos, que vamos a pasar a una de las celdas de castigo preventivo que tenemos aquí en la comisaría. Muy bien, pasad. ¿Qué os parece? En vuestra habitación seguramente tenéis un colchón y unas sábanas muy cómodas, pero aquí no tenemos nada de eso. Mirad en esa esquina, arriba. ¿Sabéis qué es eso blanco? Efectivamente, es una cámara de vídeo. Quien está en esta celda es observado constantemente. No hay mesa ni silla, y la ventana es la que os he señalado antes de entrar, cuando estábamos fuera. Es tan pequeña que no podría escapar una persona, aunque fuese pequeñita como vosotros. Sí, está bastante oscuro aquí dentro. ¿El baño? Os lo enseño ahora. Está fuera de la celda, así que el detenido sólo puede ir si viene un policía, le abre la puerta y lo acompaña. Mirad, ¿qué creéis que es este botón? No, no es para la cisterna. La cisterna sólo la puede pulsar un policía desde este botón del pasillo, porque a veces los detenidos esconden algunas cosas que no quieren que la policía encuentre y las tiran por el retrete, pero como no pueden tirar de la cadena al final las encontramos. Ese botón, en cambio, es para avisar cuando se ha terminado porque la puerta sólo se abre y se cierra desde fuera. ¿Alguna pregunta, niños?”

domingo, 6 de febrero de 2011

Libros: Konrad o el niño que salió de una lata de conservas

A la señora Bartolotti le llega un paquete a casa en el que hay una gran lata. La abre y hay una especie de niño arrugado y reseco, que resulta ser como esas sopas instantáneas cuyos ingredientes llegan a su máximo esplendor una vez mezclados con agua. La señora Bartolotti es una señora dejada y pasota a la que se le va mucho la olla, y le han regalado un niño que resulta ser modélico. El niño entra en una serie de conflictos emocionales y morales porque, aceptémoslo, ser un niño modélico no es fácil. Si el niño tiene que hacer caso a su nueva madre pero es consciente de que la mujer está fatal de la cabeza y encima le incita a hacer cosas no-modélicas, el niño se bloquea un poco porque haga lo que haga, la caga. Al final se descubre que todo ha sido un error de la oficina de correos (no voy a entrar en ese tema) y se aclara el asunto. Lo malo es que claro, la señora Bartolotti se ha encariñado ya del pequeño Konrad al que ha corrompido para que se porte mal y al final se arma un pitote porque la familia a la que iba dirigido el niño pasa total de tener un pequeño gamberrete y todo acaba con algo así como Konrad lanzándoles judías verdes a los padres modélicos desde lo alto de las escaleras y diciéndoles que son unos putos rancios.

Puede que mi sinopsis esté algo perjudicada por mi memoria. Fue mi libro favorito… hace 17 años.

M.G.

Mujeres con burka y tacones salían de allí hablando por el móvil, sujetando con la otra mano bolsas impresas con el famoso logotipo. Entré a cagar, me metí dos rollos de papel higiénico en el bolso y salí de nuevo sintiendo que había hecho dos buenas obras.


sábado, 5 de febrero de 2011

nuevos tiempos

Me gustan los azulejos desconchados
(y es algo que tenéis que saber).

Bucle

Es martes pero podría ser sábado. Los pies sobresalen entre las sábanas mientras apagas el despertador que has puesto a las once de la madrugada y te quedas echado un rato más. Al cabo de una hora te levantas al baño (sabías que tenía que pasar) y haces un café y unas tostadas y ya que estás, fríes un par de huevos y te exprimes un zumo de naranja. Pones música. Deberías limpiar porque está todo echo un asco, pero lo primero es lo primero, así que ojeas los imeils y lees el periódico, pasando por BaseBook y YouCube. Descubres un nuevo grupo de música y lo pones a todo volumen. Te duchas y te cortas las uñas. Empiezas a escribir una lista de cosas que hacer y la guardas en el bolsillo. Aunque, ahora que lo piensas, te apuntas en la mano “MIRAR LISTA” por si acaso se te olvida. Llaman por teléfono y te pasas una hora hablando de todo lo que deberías estar haciendo. Lo cierto es que aun no has empezado a hacer nada y parece que ya es por la tarde. Sales a comprar pero se te ha olvidado la cartera así que a medio camino te das la vuelta y vuelves a casa. Retrocedes con espíritu de derrota y llegas a casa empapado por la lluvia. Tendrías que recoger la habitación pero piensas que no tiene ningún sentido hasta que no pongas la lavadora. Te sientas delante del ordenador otra vez a enredar un rato y vuelves a la cocina pensando en algo suculento, pero no merece la pena tanto trabajo para una persona sola, así que llamas a un par de amigos por si quieren venir a cenar. Y que traigan cerveza.

Es miércoles pero podría ser sábado. Los pies sobresalen entre las sábanas mientras apagas el despertador que has puesto a las diez de la madrugada. Aún hay esperanza.

jueves, 3 de febrero de 2011

Basado en hechos reales

Estaba en mitad de la clase con los niños cuando dieron unos golpecitos en la puerta del aula y entró un niño de primero con un sobre en la mano:

-“Señorita, Don Francisco me ha dado esto para que se lo dé a usted.”

Cogí el sobre procedente del profesor de la clase de enfrente ante la atenta mirada de todos mis alumnos. Dentro había una nota. La leí en silencio.

“ ¿A QUE PARECE UN ARENQUE?”

Miré al niño mensajero y le di las gracias tapándome la boca para no estallar de la risa.

L.

Se me quedó mirando mientras se sacaba tranquilamente un moco con cara de estar bastante confundido ante mi pregunta. Giró la cara un poco hacia la izquierda para descubrir con gran sorpresa el vuelo de un insecto y ya no existían ni la pregunta, ni yo, ni mucho menos el moco que tenía pegado en el dedo. Cuando salió de su trance me miró, se acercó y me dio un abrazo. Al cabo de un momento reunió las fuerzas para separarse y se quedó allí parado, esperando, así que consideré que estaba preparado y repetí:

- “Entonces, dime, ¿cuántos deditos hay aquí?”

miércoles, 2 de febrero de 2011

Otra semana que se va

Otra semana que se va. El tiempo pasa y las aspiraciones y los delirios de grandeza se diluyen en una espiral de desidia y miedo al fracaso, el pánico a la página en blanco, la falta de ilusión, la desorientación, el temor a tomar las decisiones equivocadas en una vida llena de posibilidades, la creatividad que se va por el retrete cuando todas las necesidades están cubiertas, el vacío ineludible de los sueños frustrados, los ideales a medias, las contradicciones, la desesperación por conseguir objetivos que son en realidad desconocidos, perseguir la realización personal sin saber cuál es el camino, ni el fin, ni los medios. Necesitar sin saber qué. El inconformismo de una vida alejada de imposiciones externas, que se convierte en un cuestionamiento de todas las nociones que se toman como verdades, la pérdida de significado de todos los valores que muestran su cara más oscura. El saber que la ignorancia es menos perniciosa que la reflexión continua, la búsqueda de la felicidad a través de la complejidad de un mundo imposible de comprender, el temor a ser uno más, a formar parte de un sistema detestable que no podemos arreglar. Planteamientos que sólo conducen a un abismo de tristeza por la eterna confusión de no saber nada a ciencia cierta. La búsqueda de evasión a corto plazo, el hedonismo como fuente de satisfacción transitoria y única vía de escape cuando es imposible creer en la idea de un dios. Todo se torna absurdo e insignificante, y sin embargo el narcisismo crece con la certeza de que nada importa demasiado. Desasosiego, búsqueda, pereza, obsesión, superficialidad y profunda introspección para regodearse en las miserias de uno mismo.

Planteamientos de lujo para quien se lo puede permitir.

La Faraona

"Si cada español me diera un euro..."

cogito ergo sum

La habitación está oscura, sólo unas luces rojas y azules iluminan las sombras de lo que pueden ser otras personas. No sabes qué haces allí, ni quiénes son esas personas. Ni siquiera tienes conciencia de ser una persona. Todo es nuevo y absurdo, nada tiene sentido, no comprendes nada de lo que oyes, ni lo que ves. No sabes quién eres, ni qué haces, ni qué se espera de ti. Sacas un cigarro sin saber lo que es, sin entender qué es un cigarro, y lo enciendes mecánicamente.

A.


Las olas llegan con fuerza a la costa. El sol se ha puesto lentamente y mi piel quemada empieza a enfriarse. Es una sensación extraña, ha sido un día tranquilo pero la soledad me abruma. Entre las palmeras empiezan a encenderse los primeros farolillos y pronto reinará la oscuridad en la arena mientras la luna deja sus destellos en el agua. Debería irme ya si no quiero ducharme a ciegas en el grifo comunitario que hay junto al cuchitril sin luz que tengo por habitación. Camino descalza lentamente entre las rocas temiendo no encontrar el camino. Consigo llegar casi por arte de magia. Encuentro el jabón a duras penas. Ya no veo nada y el agua empieza a empaparme entre las sombras.