Están por todas partes, y siempre los habrá. El concepto de otredad implica un sentimiento de identidad hacia un grupo que nos diferencia del resto. “Nosotros” con respecto a “los Otros”. La película de Amenábar con el mismo título, la alemana La vida de los Otros o la (en última instancia decepcionante) serie Lost retratan a los Otros como un colectivo muy concreto al que, en general, hay que odiar, o al menos desconfiar de él.
La cuestión es que hacer categorías y agrupar nuestro universo etiquetando de alguna manera lo que percibimos a nuestro alrededor es inherente al ser humano. El peligro es asumir que los Otros son un problema, que todo lo que no forma parte de “nosotros” es peor, hostil o imposible de integrar en nuestra vida. Es como no admitir que la otredad forma parte nuestro mundo, y pretender que el mundo sería mejor si se eliminaran todos los Otros, nuestros enemigos. Lo reconozco: hay Otros que apestan. Pero siempre serás uno de los tuyos y un Otro para los demás. Hay quien con el tiempo se convierte en uno de los Otros. Lo que está claro es que, incluso si desaparecen, siempre habrá otros Otros.
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