miércoles, 2 de febrero de 2011

Otra semana que se va

Otra semana que se va. El tiempo pasa y las aspiraciones y los delirios de grandeza se diluyen en una espiral de desidia y miedo al fracaso, el pánico a la página en blanco, la falta de ilusión, la desorientación, el temor a tomar las decisiones equivocadas en una vida llena de posibilidades, la creatividad que se va por el retrete cuando todas las necesidades están cubiertas, el vacío ineludible de los sueños frustrados, los ideales a medias, las contradicciones, la desesperación por conseguir objetivos que son en realidad desconocidos, perseguir la realización personal sin saber cuál es el camino, ni el fin, ni los medios. Necesitar sin saber qué. El inconformismo de una vida alejada de imposiciones externas, que se convierte en un cuestionamiento de todas las nociones que se toman como verdades, la pérdida de significado de todos los valores que muestran su cara más oscura. El saber que la ignorancia es menos perniciosa que la reflexión continua, la búsqueda de la felicidad a través de la complejidad de un mundo imposible de comprender, el temor a ser uno más, a formar parte de un sistema detestable que no podemos arreglar. Planteamientos que sólo conducen a un abismo de tristeza por la eterna confusión de no saber nada a ciencia cierta. La búsqueda de evasión a corto plazo, el hedonismo como fuente de satisfacción transitoria y única vía de escape cuando es imposible creer en la idea de un dios. Todo se torna absurdo e insignificante, y sin embargo el narcisismo crece con la certeza de que nada importa demasiado. Desasosiego, búsqueda, pereza, obsesión, superficialidad y profunda introspección para regodearse en las miserias de uno mismo.

Planteamientos de lujo para quien se lo puede permitir.

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