sábado, 5 de febrero de 2011

Bucle

Es martes pero podría ser sábado. Los pies sobresalen entre las sábanas mientras apagas el despertador que has puesto a las once de la madrugada y te quedas echado un rato más. Al cabo de una hora te levantas al baño (sabías que tenía que pasar) y haces un café y unas tostadas y ya que estás, fríes un par de huevos y te exprimes un zumo de naranja. Pones música. Deberías limpiar porque está todo echo un asco, pero lo primero es lo primero, así que ojeas los imeils y lees el periódico, pasando por BaseBook y YouCube. Descubres un nuevo grupo de música y lo pones a todo volumen. Te duchas y te cortas las uñas. Empiezas a escribir una lista de cosas que hacer y la guardas en el bolsillo. Aunque, ahora que lo piensas, te apuntas en la mano “MIRAR LISTA” por si acaso se te olvida. Llaman por teléfono y te pasas una hora hablando de todo lo que deberías estar haciendo. Lo cierto es que aun no has empezado a hacer nada y parece que ya es por la tarde. Sales a comprar pero se te ha olvidado la cartera así que a medio camino te das la vuelta y vuelves a casa. Retrocedes con espíritu de derrota y llegas a casa empapado por la lluvia. Tendrías que recoger la habitación pero piensas que no tiene ningún sentido hasta que no pongas la lavadora. Te sientas delante del ordenador otra vez a enredar un rato y vuelves a la cocina pensando en algo suculento, pero no merece la pena tanto trabajo para una persona sola, así que llamas a un par de amigos por si quieren venir a cenar. Y que traigan cerveza.

Es miércoles pero podría ser sábado. Los pies sobresalen entre las sábanas mientras apagas el despertador que has puesto a las diez de la madrugada. Aún hay esperanza.

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