
domingo, 27 de noviembre de 2011
Cosas que pasan
miércoles, 23 de noviembre de 2011
alimentar clichés cuando hace un tiempo de mierda
Ostracismo educado
Llevaba más de un año en Berlín y aproveché la oportunidad de deserción de mis compañeros de piso para llevar a cabo mi plan de integración extrema de una vez por todas en este país. Ni qué decir tiene que hasta entonces los intentos habían tenido resultados más bien discretos, aceptémoslo, lo de mezclarse con el entorno hasta convertirnos en “uno de ellos” no acababa de cuajar. No sabía muy bien si esto se debía a que éramos dos españoles en el mismo piso y a que solíamos intentar llevar la gente a nuestro terreno de tonterías con o sin trasfondo de ironía cultural, excesos y comida mediterránea con gran contenido en ajo.
Pero, como decía, una vez sin compañeros de piso busqué una habitación por mi cuenta en un piso compartido con alemanes de pura cepa. Tuve una entrevista de tres horas para una habitación en un piso perfecto pero había demasiada gente interesada. Me llamaron para una "segunda ronda" de entrevistas y tenía pocas esperanzas, pero fui finalmente la candidata elegida. Así fue como, a pesar de ciertos problemas logísticos, conseguí mudarme y de repente ya estaba en el nuevo piso. Grande, luminoso (dentro de las posibilidades que ofrece un invierno en el norte de Alemania), con dos alemanes de unos treinta años y un perro. Ahí es cuando empezó el periodo de ostracismo educado, que es una técnica muy bien desarrollada por los autóctonos consistente en pasar de la gente cercana de forma descarada sin por ello dejar de desbordar corrección.
El ostracismo educado es una etapa que hay que pasar necesariamente antes de llegar a cualquier tipo de nivel de amistad. La persona a la que sistemáticamente se le hace el vacío no debe dejarse amedrantar. Mi consejo es practicarlo a su vez hasta que se acabe la etapa correspondiente, que puede durar entre dos meses y un año. Por ejemplo, al llegar a casa o salir de ella, aunque te cruces con uno de tus compañeros, no tienes que saludar ni decir de dónde vienes o a dónde vas, basta con dar un portazo, ya sea para salir de casa o meterte en tu cuarto. Si estás cocinando y te sobra comida que puedes compartir, pones tu comida en tu plato, vas a tu habitación y de camino puedes decir en voz baja e indiferente: “Hay más pasta, si queréis.” Y te vas a comer solo.
Aquellas personas que practican el ostracismo educado ven con buenos ojos que tú también lo hagas, porque es señal de que respetas su espacio y no intentas imponer tu amistad. Entonces, en algún momento, esa etapa se acaba. Has pasado la prueba. Podéis ser amigos. Poco a poco, claro. La etapa suele acabar antes cuando entra en juego el factor de antigüedad: Si alguien empieza a vivir en la casa después de ti, automáticamente el ostracismo educado pasa a centrarse en el nuevo habitante y tú ganas puntos. Sin embargo, cuidado: si la nueva persona no se amolda a la situación de ostracismo e insiste en hablarte como si fueseis amigos, es dada al contacto físico y tiene una actitud alegre ante la vida, es fácil contagiarse y crear una pequeña alianza que solo puede llevar a tensiones con los miembros más antiguos. Las amistades prematuras suelen causar recelo.
En aquel piso la etapa de ostracismo educado duró seis meses, que es el tiempo que estuve viviendo allí. En dos de cada tres pisos del norte de Alemania he vuelto a vivir esta situación, generalmente con etapas de dos meses de ostracismo, pero una vez que uno les coge el tranquillo y va predispuesto se acostumbra y aprecia más las amistades futuras, porque cuestan, sí, pero una vez que lo consigues… un alemán es para siempre.
martes, 22 de noviembre de 2011
No es un hobby
Son dos. Encapuchados de negro, con máscaras, a toda velocidad, ocultos por una niebla densa que no permite ver a más de dos metros de distancia en la oscuridad de la noche. Miran a derecha e izquierda y sin mediar palabra sacan sus armas con la prisa de quien su futuro depende de ello. Las agitan frenéticamente. Empieza la acción. lunes, 21 de noviembre de 2011
M_RB_
Hay un fenómeno que vengo observando desde que leo el periódico online, pero hoy se ha dado el ejemplo más claro de los últimos meses. El día después de las elecciones generales, uno abre El País e, independientemente de los titulares y demás noticias, en el recuadro de la izquierda figura “lo más visto”. En este caso, un artículo cuyo título es Serás mi puta. Se trata del calvario de una esclava sexual de Gadafi, pero es el titular lo que más atrae la atención. En los días precedentes, lo más visto han sido artículos como Las últimas horas de Amy Winehouse y cosas por el estilo. Generalmente de la sección Gente y Televisión, asuntos relacionados con sexo, muerte, detenciones de famosos y cotilleos burdos. Un interés oscuro en asuntos sucios, por encima de intereses políticos, culturales o deportivos (estos últimos, todo sea dicho, también suelen aparecer en “lo más visto”). Y a quién no le gusta el morbo.
jueves, 10 de noviembre de 2011
H. y el poder de la oscuridad

La noche albergaba y ocultaba secretos, pensamientos, actos y momentos mágicos, intensos, insustituibles. La oscuridad cambiaba y completaba a las personas con respecto a quienes eran durante el día. Pero de repente se acabaron los días y ya sólo había tinieblas. La vida sin luz eliminó el efecto positivo de la noche, convirtiéndola en un estado permanente y tenebroso del que no se podía salir.
Pensé que ya se pasaría. Un día. Dos días. Cinco días. Un mes. Tres meses. Solo había frío y tinieblas. Lluvia y oscuridad; cielo gris o negro. Negro. Negro y difuso. Las nubes no permitían ver las estrellas. La humedad llegaba a los huesos y la niebla era espesa y profunda como la noche en que estábamos sumergidos durante una temporada indeterminada.
Puede que nunca se acabe. Llega el momento en el que no se puede saber con certeza.
Pero uno sabe que ha conocido una vida mejor .
La pregunta es…lunes, 7 de noviembre de 2011
El poder de la luz
El agua del mar era de una transparencia increíble con un color turquesa que sólo se veía cuando uno tomaba distancia suficiente. El cielo era completamente azul, el aire cálido y suave. Desde la arena blanca finísima de la orilla de la playa observaba la belleza de aquellos seres de colores brillantes que había sumergidos en el agua cristalina. Morados, amarillos, verdes, rosas, blancos, añiles, granates… No más grandes que la palma de una mano. Tenían la textura de una medusa, pero no la forma. Los colores eran tan intensos a la par que transparentes que fascinaba ver el espectáculo multicolor de lo que parecía una coreografía orquestada por una deidad de la belleza y el amor. Los había de diferentes tamaños y había dos formas diferentes: unos eran como un cilindro un tanto cónico e irregular, y los otros parecían la parte arriba de una medusa sin tentáculos.
“¿Qué son?”, pregunté. “Son setas marinas. Tienes que coger un trozo de cada forma, pero ten cuidado de que sean del mismo color y tamaño. Cuando los juntas…”
Cogí una parte de arriba de un azul intensísimo y la junté con una parte de abajo del mismo tono que hacía las veces de tallo o pie, de manera que se formaba una especie de seta con textura de medusa. Al hacerlo, se encendió una luz dentro del ser recién compuesto que tenía en la mano y me invadió una energía hechizante que despertó todos mis sentidos que habían estado, hasta entonces, aparentemente dormidos, abotargados, cerrados a una percepción nunca antes experimentada en la que todo cobraba sentido.
Todo está interconectado, todo es codependiente y armónico. Todo es intenso y bueno.
Abrí los ojos y todo se llenó de luz y amor.
