
domingo, 27 de noviembre de 2011
Cosas que pasan
miércoles, 23 de noviembre de 2011
alimentar clichés cuando hace un tiempo de mierda
Ostracismo educado
Llevaba más de un año en Berlín y aproveché la oportunidad de deserción de mis compañeros de piso para llevar a cabo mi plan de integración extrema de una vez por todas en este país. Ni qué decir tiene que hasta entonces los intentos habían tenido resultados más bien discretos, aceptémoslo, lo de mezclarse con el entorno hasta convertirnos en “uno de ellos” no acababa de cuajar. No sabía muy bien si esto se debía a que éramos dos españoles en el mismo piso y a que solíamos intentar llevar la gente a nuestro terreno de tonterías con o sin trasfondo de ironía cultural, excesos y comida mediterránea con gran contenido en ajo.
Pero, como decía, una vez sin compañeros de piso busqué una habitación por mi cuenta en un piso compartido con alemanes de pura cepa. Tuve una entrevista de tres horas para una habitación en un piso perfecto pero había demasiada gente interesada. Me llamaron para una "segunda ronda" de entrevistas y tenía pocas esperanzas, pero fui finalmente la candidata elegida. Así fue como, a pesar de ciertos problemas logísticos, conseguí mudarme y de repente ya estaba en el nuevo piso. Grande, luminoso (dentro de las posibilidades que ofrece un invierno en el norte de Alemania), con dos alemanes de unos treinta años y un perro. Ahí es cuando empezó el periodo de ostracismo educado, que es una técnica muy bien desarrollada por los autóctonos consistente en pasar de la gente cercana de forma descarada sin por ello dejar de desbordar corrección.
El ostracismo educado es una etapa que hay que pasar necesariamente antes de llegar a cualquier tipo de nivel de amistad. La persona a la que sistemáticamente se le hace el vacío no debe dejarse amedrantar. Mi consejo es practicarlo a su vez hasta que se acabe la etapa correspondiente, que puede durar entre dos meses y un año. Por ejemplo, al llegar a casa o salir de ella, aunque te cruces con uno de tus compañeros, no tienes que saludar ni decir de dónde vienes o a dónde vas, basta con dar un portazo, ya sea para salir de casa o meterte en tu cuarto. Si estás cocinando y te sobra comida que puedes compartir, pones tu comida en tu plato, vas a tu habitación y de camino puedes decir en voz baja e indiferente: “Hay más pasta, si queréis.” Y te vas a comer solo.
Aquellas personas que practican el ostracismo educado ven con buenos ojos que tú también lo hagas, porque es señal de que respetas su espacio y no intentas imponer tu amistad. Entonces, en algún momento, esa etapa se acaba. Has pasado la prueba. Podéis ser amigos. Poco a poco, claro. La etapa suele acabar antes cuando entra en juego el factor de antigüedad: Si alguien empieza a vivir en la casa después de ti, automáticamente el ostracismo educado pasa a centrarse en el nuevo habitante y tú ganas puntos. Sin embargo, cuidado: si la nueva persona no se amolda a la situación de ostracismo e insiste en hablarte como si fueseis amigos, es dada al contacto físico y tiene una actitud alegre ante la vida, es fácil contagiarse y crear una pequeña alianza que solo puede llevar a tensiones con los miembros más antiguos. Las amistades prematuras suelen causar recelo.
En aquel piso la etapa de ostracismo educado duró seis meses, que es el tiempo que estuve viviendo allí. En dos de cada tres pisos del norte de Alemania he vuelto a vivir esta situación, generalmente con etapas de dos meses de ostracismo, pero una vez que uno les coge el tranquillo y va predispuesto se acostumbra y aprecia más las amistades futuras, porque cuestan, sí, pero una vez que lo consigues… un alemán es para siempre.
martes, 22 de noviembre de 2011
No es un hobby
Son dos. Encapuchados de negro, con máscaras, a toda velocidad, ocultos por una niebla densa que no permite ver a más de dos metros de distancia en la oscuridad de la noche. Miran a derecha e izquierda y sin mediar palabra sacan sus armas con la prisa de quien su futuro depende de ello. Las agitan frenéticamente. Empieza la acción. lunes, 21 de noviembre de 2011
M_RB_
Hay un fenómeno que vengo observando desde que leo el periódico online, pero hoy se ha dado el ejemplo más claro de los últimos meses. El día después de las elecciones generales, uno abre El País e, independientemente de los titulares y demás noticias, en el recuadro de la izquierda figura “lo más visto”. En este caso, un artículo cuyo título es Serás mi puta. Se trata del calvario de una esclava sexual de Gadafi, pero es el titular lo que más atrae la atención. En los días precedentes, lo más visto han sido artículos como Las últimas horas de Amy Winehouse y cosas por el estilo. Generalmente de la sección Gente y Televisión, asuntos relacionados con sexo, muerte, detenciones de famosos y cotilleos burdos. Un interés oscuro en asuntos sucios, por encima de intereses políticos, culturales o deportivos (estos últimos, todo sea dicho, también suelen aparecer en “lo más visto”). Y a quién no le gusta el morbo.
jueves, 10 de noviembre de 2011
H. y el poder de la oscuridad

La noche albergaba y ocultaba secretos, pensamientos, actos y momentos mágicos, intensos, insustituibles. La oscuridad cambiaba y completaba a las personas con respecto a quienes eran durante el día. Pero de repente se acabaron los días y ya sólo había tinieblas. La vida sin luz eliminó el efecto positivo de la noche, convirtiéndola en un estado permanente y tenebroso del que no se podía salir.
Pensé que ya se pasaría. Un día. Dos días. Cinco días. Un mes. Tres meses. Solo había frío y tinieblas. Lluvia y oscuridad; cielo gris o negro. Negro. Negro y difuso. Las nubes no permitían ver las estrellas. La humedad llegaba a los huesos y la niebla era espesa y profunda como la noche en que estábamos sumergidos durante una temporada indeterminada.
Puede que nunca se acabe. Llega el momento en el que no se puede saber con certeza.
Pero uno sabe que ha conocido una vida mejor .
La pregunta es…lunes, 7 de noviembre de 2011
El poder de la luz
El agua del mar era de una transparencia increíble con un color turquesa que sólo se veía cuando uno tomaba distancia suficiente. El cielo era completamente azul, el aire cálido y suave. Desde la arena blanca finísima de la orilla de la playa observaba la belleza de aquellos seres de colores brillantes que había sumergidos en el agua cristalina. Morados, amarillos, verdes, rosas, blancos, añiles, granates… No más grandes que la palma de una mano. Tenían la textura de una medusa, pero no la forma. Los colores eran tan intensos a la par que transparentes que fascinaba ver el espectáculo multicolor de lo que parecía una coreografía orquestada por una deidad de la belleza y el amor. Los había de diferentes tamaños y había dos formas diferentes: unos eran como un cilindro un tanto cónico e irregular, y los otros parecían la parte arriba de una medusa sin tentáculos.
“¿Qué son?”, pregunté. “Son setas marinas. Tienes que coger un trozo de cada forma, pero ten cuidado de que sean del mismo color y tamaño. Cuando los juntas…”
Cogí una parte de arriba de un azul intensísimo y la junté con una parte de abajo del mismo tono que hacía las veces de tallo o pie, de manera que se formaba una especie de seta con textura de medusa. Al hacerlo, se encendió una luz dentro del ser recién compuesto que tenía en la mano y me invadió una energía hechizante que despertó todos mis sentidos que habían estado, hasta entonces, aparentemente dormidos, abotargados, cerrados a una percepción nunca antes experimentada en la que todo cobraba sentido.
Todo está interconectado, todo es codependiente y armónico. Todo es intenso y bueno.
Abrí los ojos y todo se llenó de luz y amor.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Teatro contra drama: salud mental mediante autoengaño

jueves, 8 de septiembre de 2011
L.
“¡Quita, fuera de aquí, déjame solo! ¡Fuera! ¡Me queman los zapatos! ¡Déjame en paz! ¡Ciento veinticinco mil! ¡Vete, vamos!”
No había nadie alrededor para entender su delirio infantil. Estaba solo en una habitación, en su silla de ruedas. Tenía una enfermedad degenerativa y terminal que poco a poco iba destruyendo su capacidad de moverse, de pensar con lógica, de relacionarse con el mundo, de ver, de oír y de apreciar lo que otros llaman realidad. Un caso perdido. Incomprensible. Incomprendido. Era cuestión de tiempo.
A nadie le importaba.
martes, 26 de abril de 2011
debe ser que exageran
Me quité los guantes con cuidado y los eché en la papelera. En realidad tampoco era para tanto, todo el mundo hablaba del tema como si fuera un fantasma que te persigue hasta el día de tu muerte, y yo estaba pensando en comerme unos huevos fritos y en si debería teñirme el pelo, porque tengo pinta de no haber roto un plato con estos rizos rubios de angelito, y tener esta pinta es una desgracia, pero claro, si me tiñera, todos se darían cuenta y la cosa sería aún peor que el look ricitos de oro. Huevos con bacon y una cerveza, lo mejor sería llamar a Dani para que bajase al paseo marítimo y me invitara, porque no tenía un duro. Qué idiota, cómo no pensé en quedarme con la cartera. Bueno, ahora ya era demasiado tarde. No sabía si contárselo a Dani. Él ya lo había hecho, pero era la clase de tipos de los que no sabes si te puedes fiar. Además era un poco listillo. Le llamé y le dije: “Dani. Estoy en el paseo marítimo.” –“Me muero de hambre, te invito a comer.” –“Te espero en la esquina.”
Un buen tío, este Dani. Pensé que acabaría por comentárselo. Algo me decía que no era de los que van largando por ahí.
jueves, 14 de abril de 2011
Soberbio y desapercibido

No le sería fácil aceptar que no era un genio, pero poco a poco empezó a sospecharlo. Lo que él quería era reconocimiento a su brillantez exenta de esfuerzo, que todos admirasen precisamente su falta de preparación mientras destacaba sobre eruditos y expertos. Lo malo era que nadie se fijaba en su talento, y quien lo conocía no lo sabía apreciar.
La gente es idiota, se decía. Idiotas que nunca estarían a su altura o idiotas que ni siquiera reconocían su superioridad. Hasta que se dio cuenta de que ser mejor que la mayoría no bastaba; de repente empezó el mismo a reconocer a otros mejores que él. ¿Cómo es que nunca se había dado cuenta de su existencia? Y, lo peor de todo, ¿cómo es que ellos aceptaban humildemente pasar sin pena ni gloria ante todos aquellos idiotas?
Decidió que nada merecía la pena y se colgó de un árbol cayendo para siempre en el olvido.
martes, 12 de abril de 2011
Parálisis
Veo mis brazos y mis piernas, pero no se mueven. Oigo los coches, la lavadora, alguien en la ducha. Ha pasado una hora y sigo en la misma postura, presa del pánico. Sé que no tengo nada que temer. Y sin embargo sigo inmóvil, con la rigidez de una estatua de bronce, dejando pasar los minutos. Suena Dinah Washington en alguna parte. Sólo necesito a alguien que desencante el hechizo, que me despierte del sueño, que me devuelva a la vida terrenal, mientras soy consciente de que mi cuerpo está aquí, solapándose conmigo. Pero no lo siento, sólo reconozco el miedo, que llena los antebrazos, los hombros, la espalda. La habitación está cada vez más oscura. Sigo en la misma postura, pasa otra hora. El pánico atenaza cada uno de mis músculos y arruina todos mis esfuerzos por levantarme de la silla. Empieza a llover.
domingo, 20 de febrero de 2011
Especial: TODO LO QUE SEA GRATIS

EL TRUCO DEL BILLETAZO
Acabo de meter en el bolsillo de la cazadora dos billetes de quinientos euros: mi sueldo y el dinero para pagar las luces que tengo que ir a buscar. La verdad es que no me apetece nada pero bueno, al fin y al cabo estoy currando por esa mierda de sueldo que me paga el estafador de mi jefe. Me acerco a por las luces y la cara de la dependienta se pone como si se estuviera cagando de repente cuando saco el billetazo. Me dice que no tienen cambio pero le digo que claro, yo las luces me las tengo que llevar, así que o me cambia o me voy sin pagar y ya volveré luego. La muchacha se va a buscar cambio por como una loca y yo me quedo ahí esperando a que vuelva, qué coñazo. Cuando por fin llega, me suelta un rollo de hasta dónde se ha tenido que ir y me da el cambio. Dejo las luces y voy a darle el dinero a mi jefe, cuando me doy cuenta de que ahora tengo los trescientos euros del cambio, el billete de mi sueldo y el billete de las luces. Uups. Lo suyo sería ir a darle el billete a la dependienta, pero ya que todo va a la organización (cuyas pérdidas no me causan ningún cargo de conciencia) y mi jefe me debe un mes de sueldo, considero legítimo guardarme el billete de quinientos que nadie tiene por qué echar en falta. Lo malo es que los dos papeles que tengo por valor de mil euros son todo mi dinero, no tengo ni un duro suelto. Me empieza a entrar el hambre y pido un bocadillo. Ya le he dado un mordisco cuando saco el billete para pagar. “Lo siento, no tenemos cambio, ya volverás a pagar otro día”. Bueno. Mola. ¿A ver? Sí, un helado. “Lo siento, no tenemos cambio, ya volverás a pagar otro día”. Esto es un filón.
Chicos, hoy invito yo.
Especial: SALIRSE CON LA SUYA
QUÉ HACER CUANDO TIENES UNA ENTREGA PARA AYER Y AÚN NO HAS EMPEZADO (Y ADEMÁS SACARLE PARTIDO)
El mundo de la traducción como autónomo no siempre es fácil. Claro que hay gente que le echa un morro admirable.
Me llamo Verena y tengo que traducir un certificado de notas. Ya retrasé la fecha de entrega alegando que tenía que hacer unas interpretaciones y no me iba a dar tiempo. La entrega es mañana pero la cuestión es que me he estado tocando las narices y no me apetece trabajar esta noche. Llamo por teléfono a mi cliente:
- Hola, soy Verena, llamo por lo de la traducción.
- Ah, hola.
- Mira, la cosa es que el texto es más complicado de lo que pensaba y no voy a poder tenerlo para mañana.
- Pero…
- Entonces va a tener que ser el jueves que viene. Además, el presupuesto que te di no es del todo correcto porque, al ser más complicado, te va a salir un poco más caro. Lo he calculado y te saldría por 50 euros más.
- ¿Qué?
- Es lo que hay. El jueves puedes pasar por mi casa a recogerlo.
Al día siguiente me levanto y me pongo con el texto. Hmmmm. No sé muy bien qué quiere decir esto. Llamo a mi cliente.
- Oye, mira, soy Verena.
- …
- Verás, tengo algunas dudas con el texto.
- ¿Qué pasa?
- ¿A qué se refieren con “créditos”? ¿Y qué significan las letras SB y N?
- Créditos son los puntos que se consiguen por las asignaturas de la universidad. Creo que en alemán se dice “Leistungspunkte”. Y SB y N son “sobresaliente” y “notable”, me imagino.
- Vale, perfecto. Y esto de “literatura francesa y cine” cómo lo traducirías?
- ¿No se supone que ese es su trabajo?
- Bueno, sí, perdona, sólo te estaba preguntando por tu opinión, ya que eres el cliente.
Cómo mola cobrar más por hacer el vago, entregar tarde y que el cliente me solucione las dificultades. Pedidme consejo si necesitáis saliros con la vuestra.
[Me gustaría que conste en acta que la historia es real pero, como en muchas otras historias en primera persona, yo no soy Verena]
martes, 15 de febrero de 2011
perdiendo la pluma
Escribir con papel y bolígrafo me resulta más fácil que hacerlo frente a la aséptica pantalla del ordenador. Es más personal, por así decirlo. A medida que la tinta impregna el espacio en blanco las ideas son más claras y las distracciones menores, da más tiempo a pensar y las palabras fluyen mientras se perfilan los trazos de las letras, las redondeces, los acentos. Las pausas parecen más reales. Los tachones causan una impresión visual estimulante, una pista sobre los errores que no se deben volver a cometer. La propia letra ya comunica, o al menos provoca algún tipo de sentimiento más real en torno a lo que se está haciendo.
La palabra escrita a mano va desapareciendo. Las cartas han quedado obsoletas ante el correo electrónico y las redes sociales, que son herramientas con muchas ventajas y grandes avances por el precio de una cierta autenticidad, la inequívoca autoría e intencionalidad de quien escribe un mensaje individual que va dirigido a un destinatario con el sello de algo especial. Sin embargo, en la era digital y tecnológica la tendencia es el llegar a más gente, el compartir con un número indeterminado de personas aquello que antes reservábamos para unos pocos escogidos por el esfuerzo y el coste que supone realizar una creación para cada uno de los destinatarios. Fuera del ámbito epistolar ocurre lo mismo, existiendo además la posibilidad de poder guardar, enviar, modificar (y no hablemos ya de copiar y pegar) documentos escritos, lo cual es inmensamente útil y ha revolucionado la manera de procesar la información (de acceso cada vez más ilimitado). Estudiar, investigar, trabajar, relacionarse con los demás y compartir por medio de la palabra escrita en la nueva era de las posibilidades tecnológicas es un lujo pero hoy, mientras escribo la entrada de un blog, echo de menos garabatear en el margen mientras pienso si tiene sentido siquiera escribir esta contradicción.
lunes, 14 de febrero de 2011
Decálogo: cosas que molan
1. Molar
2. Todo lo que sea gratis
3. Gente disfrazada de fruta
4. Irse de picos pardos
5. Ganar un premio Nobel
6. Tomate, aceite, ajo y sal
7. Tener superpoderes
8. Salirse con la suya
9. Palabras que acaban en –ete
10. Medias de rejilla
(No necesariamente por ese orden)
domingo, 13 de febrero de 2011
Los Otros
Están por todas partes, y siempre los habrá. El concepto de otredad implica un sentimiento de identidad hacia un grupo que nos diferencia del resto. “Nosotros” con respecto a “los Otros”. La película de Amenábar con el mismo título, la alemana La vida de los Otros o la (en última instancia decepcionante) serie Lost retratan a los Otros como un colectivo muy concreto al que, en general, hay que odiar, o al menos desconfiar de él.
La cuestión es que hacer categorías y agrupar nuestro universo etiquetando de alguna manera lo que percibimos a nuestro alrededor es inherente al ser humano. El peligro es asumir que los Otros son un problema, que todo lo que no forma parte de “nosotros” es peor, hostil o imposible de integrar en nuestra vida. Es como no admitir que la otredad forma parte nuestro mundo, y pretender que el mundo sería mejor si se eliminaran todos los Otros, nuestros enemigos. Lo reconozco: hay Otros que apestan. Pero siempre serás uno de los tuyos y un Otro para los demás. Hay quien con el tiempo se convierte en uno de los Otros. Lo que está claro es que, incluso si desaparecen, siempre habrá otros Otros.
lunes, 7 de febrero de 2011
Seguridad vial
“Y aquí, queridos niños, es donde traemos a los conductores que han tenido un accidente para hacerles un análisis de sangre. Algunos se resisten, así que los atamos de pies y manos a la camilla con esas cuerdas que veis ahí antes de clavarles la aguja. Como veis, las ventanas son muy pequeñas y no se pueden abrir desde dentro para que no se puedan escapar. ¿Estarías vosotros cómodos aquí, niños? No, ¿verdad? Detrás de esa puerta hay un lavabo pero está cerrado para que sólo se pueda utilizar si hay un policía delante. Bueno, y ahora tenéis que estar muy calladitos, que vamos a pasar a una de las celdas de castigo preventivo que tenemos aquí en la comisaría. Muy bien, pasad. ¿Qué os parece? En vuestra habitación seguramente tenéis un colchón y unas sábanas muy cómodas, pero aquí no tenemos nada de eso. Mirad en esa esquina, arriba. ¿Sabéis qué es eso blanco? Efectivamente, es una cámara de vídeo. Quien está en esta celda es observado constantemente. No hay mesa ni silla, y la ventana es la que os he señalado antes de entrar, cuando estábamos fuera. Es tan pequeña que no podría escapar una persona, aunque fuese pequeñita como vosotros. Sí, está bastante oscuro aquí dentro. ¿El baño? Os lo enseño ahora. Está fuera de la celda, así que el detenido sólo puede ir si viene un policía, le abre la puerta y lo acompaña. Mirad, ¿qué creéis que es este botón? No, no es para la cisterna. La cisterna sólo la puede pulsar un policía desde este botón del pasillo, porque a veces los detenidos esconden algunas cosas que no quieren que la policía encuentre y las tiran por el retrete, pero como no pueden tirar de la cadena al final las encontramos. Ese botón, en cambio, es para avisar cuando se ha terminado porque la puerta sólo se abre y se cierra desde fuera. ¿Alguna pregunta, niños?”
domingo, 6 de febrero de 2011
Libros: Konrad o el niño que salió de una lata de conservas
A la señora Bartolotti le llega un paquete a casa en el que hay una gran lata. La abre y hay una especie de niño arrugado y reseco, que resulta ser como esas sopas instantáneas cuyos ingredientes llegan a su máximo esplendor una vez mezclados con agua. La señora Bartolotti es una señora dejada y pasota a la que se le va mucho la olla, y le han regalado un niño que resulta ser modélico. El niño entra en una serie de conflictos emocionales y morales porque, aceptémoslo, ser un niño modélico no es fácil. Si el niño tiene que hacer caso a su nueva madre pero es consciente de que la mujer está fatal de la cabeza y encima le incita a hacer cosas no-modélicas, el niño se bloquea un poco porque haga lo que haga, la caga. Al final se descubre que todo ha sido un error de la oficina de correos (no voy a entrar en ese tema) y se aclara el asunto. Lo malo es que claro, la señora Bartolotti se ha encariñado ya del pequeño Konrad al que ha corrompido para que se porte mal y al final se arma un pitote porque la familia a la que iba dirigido el niño pasa total de tener un pequeño gamberrete y todo acaba con algo así como Konrad lanzándoles judías verdes a los padres modélicos desde lo alto de las escaleras y diciéndoles que son unos putos rancios.
Puede que mi sinopsis esté algo perjudicada por mi memoria. Fue mi libro favorito… hace 17 años.
M.G.
sábado, 5 de febrero de 2011
Bucle
Es martes pero podría ser sábado. Los pies sobresalen entre las sábanas mientras apagas el despertador que has puesto a las once de la madrugada y te quedas echado un rato más. Al cabo de una hora te levantas al baño (sabías que tenía que pasar) y haces un café y unas tostadas y ya que estás, fríes un par de huevos y te exprimes un zumo de naranja. Pones música. Deberías limpiar porque está todo echo un asco, pero lo primero es lo primero, así que ojeas los imeils y lees el periódico, pasando por BaseBook y YouCube. Descubres un nuevo grupo de música y lo pones a todo volumen. Te duchas y te cortas las uñas. Empiezas a escribir una lista de cosas que hacer y la guardas en el bolsillo. Aunque, ahora que lo piensas, te apuntas en la mano “MIRAR LISTA” por si acaso se te olvida. Llaman por teléfono y te pasas una hora hablando de todo lo que deberías estar haciendo. Lo cierto es que aun no has empezado a hacer nada y parece que ya es por la tarde. Sales a comprar pero se te ha olvidado la cartera así que a medio camino te das la vuelta y vuelves a casa. Retrocedes con espíritu de derrota y llegas a casa empapado por la lluvia. Tendrías que recoger la habitación pero piensas que no tiene ningún sentido hasta que no pongas la lavadora. Te sientas delante del ordenador otra vez a enredar un rato y vuelves a la cocina pensando en algo suculento, pero no merece la pena tanto trabajo para una persona sola, así que llamas a un par de amigos por si quieren venir a cenar. Y que traigan cerveza.
Es miércoles pero podría ser sábado. Los pies sobresalen entre las sábanas mientras apagas el despertador que has puesto a las diez de la madrugada. Aún hay esperanza.
jueves, 3 de febrero de 2011
Basado en hechos reales
Estaba en mitad de la clase con los niños cuando dieron unos golpecitos en la puerta del aula y entró un niño de primero con un sobre en la mano:
-“Señorita, Don Francisco me ha dado esto para que se lo dé a usted.”
Cogí el sobre procedente del profesor de la clase de enfrente ante la atenta mirada de todos mis alumnos. Dentro había una nota. La leí en silencio.
“ ¿A QUE PARECE UN ARENQUE?”
Miré al niño mensajero y le di las gracias tapándome la boca para no estallar de la risa.
L.
Se me quedó mirando mientras se sacaba tranquilamente un moco con cara de estar bastante confundido ante mi pregunta. Giró la cara un poco hacia la izquierda para descubrir con gran sorpresa el vuelo de un insecto y ya no existían ni la pregunta, ni yo, ni mucho menos el moco que tenía pegado en el dedo. Cuando salió de su trance me miró, se acercó y me dio un abrazo. Al cabo de un momento reunió las fuerzas para separarse y se quedó allí parado, esperando, así que consideré que estaba preparado y repetí:
- “Entonces, dime, ¿cuántos deditos hay aquí?”
miércoles, 2 de febrero de 2011
Otra semana que se va
Otra semana que se va. El tiempo pasa y las aspiraciones y los delirios de grandeza se diluyen en una espiral de desidia y miedo al fracaso, el pánico a la página en blanco, la falta de ilusión, la desorientación, el temor a tomar las decisiones equivocadas en una vida llena de posibilidades, la creatividad que se va por el retrete cuando todas las necesidades están cubiertas, el vacío ineludible de los sueños frustrados, los ideales a medias, las contradicciones, la desesperación por conseguir objetivos que son en realidad desconocidos, perseguir la realización personal sin saber cuál es el camino, ni el fin, ni los medios. Necesitar sin saber qué. El inconformismo de una vida alejada de imposiciones externas, que se convierte en un cuestionamiento de todas las nociones que se toman como verdades, la pérdida de significado de todos los valores que muestran su cara más oscura. El saber que la ignorancia es menos perniciosa que la reflexión continua, la búsqueda de la felicidad a través de la complejidad de un mundo imposible de comprender, el temor a ser uno más, a formar parte de un sistema detestable que no podemos arreglar. Planteamientos que sólo conducen a un abismo de tristeza por la eterna confusión de no saber nada a ciencia cierta. La búsqueda de evasión a corto plazo, el hedonismo como fuente de satisfacción transitoria y única vía de escape cuando es imposible creer en la idea de un dios. Todo se torna absurdo e insignificante, y sin embargo el narcisismo crece con la certeza de que nada importa demasiado. Desasosiego, búsqueda, pereza, obsesión, superficialidad y profunda introspección para regodearse en las miserias de uno mismo.
Planteamientos de lujo para quien se lo puede permitir.
cogito ergo sum
La habitación está oscura, sólo unas luces rojas y azules iluminan las sombras de lo que pueden ser otras personas. No sabes qué haces allí, ni quiénes son esas personas. Ni siquiera tienes conciencia de ser una persona. Todo es nuevo y absurdo, nada tiene sentido, no comprendes nada de lo que oyes, ni lo que ves. No sabes quién eres, ni qué haces, ni qué se espera de ti. Sacas un cigarro sin saber lo que es, sin entender qué es un cigarro, y lo enciendes mecánicamente.
A.

Las olas llegan con fuerza a la costa. El sol se ha puesto lentamente y mi piel quemada empieza a enfriarse. Es una sensación extraña, ha sido un día tranquilo pero la soledad me abruma. Entre las palmeras empiezan a encenderse los primeros farolillos y pronto reinará la oscuridad en la arena mientras la luna deja sus destellos en el agua. Debería irme ya si no quiero ducharme a ciegas en el grifo comunitario que hay junto al cuchitril sin luz que tengo por habitación. Camino descalza lentamente entre las rocas temiendo no encontrar el camino. Consigo llegar casi por arte de magia. Encuentro el jabón a duras penas. Ya no veo nada y el agua empieza a empaparme entre las sombras.


