Me quité los guantes con cuidado y los eché en la papelera. En realidad tampoco era para tanto, todo el mundo hablaba del tema como si fuera un fantasma que te persigue hasta el día de tu muerte, y yo estaba pensando en comerme unos huevos fritos y en si debería teñirme el pelo, porque tengo pinta de no haber roto un plato con estos rizos rubios de angelito, y tener esta pinta es una desgracia, pero claro, si me tiñera, todos se darían cuenta y la cosa sería aún peor que el look ricitos de oro. Huevos con bacon y una cerveza, lo mejor sería llamar a Dani para que bajase al paseo marítimo y me invitara, porque no tenía un duro. Qué idiota, cómo no pensé en quedarme con la cartera. Bueno, ahora ya era demasiado tarde. No sabía si contárselo a Dani. Él ya lo había hecho, pero era la clase de tipos de los que no sabes si te puedes fiar. Además era un poco listillo. Le llamé y le dije: “Dani. Estoy en el paseo marítimo.” –“Me muero de hambre, te invito a comer.” –“Te espero en la esquina.”
Un buen tío, este Dani. Pensé que acabaría por comentárselo. Algo me decía que no era de los que van largando por ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario