Veo mis brazos y mis piernas, pero no se mueven. Oigo los coches, la lavadora, alguien en la ducha. Ha pasado una hora y sigo en la misma postura, presa del pánico. Sé que no tengo nada que temer. Y sin embargo sigo inmóvil, con la rigidez de una estatua de bronce, dejando pasar los minutos. Suena Dinah Washington en alguna parte. Sólo necesito a alguien que desencante el hechizo, que me despierte del sueño, que me devuelva a la vida terrenal, mientras soy consciente de que mi cuerpo está aquí, solapándose conmigo. Pero no lo siento, sólo reconozco el miedo, que llena los antebrazos, los hombros, la espalda. La habitación está cada vez más oscura. Sigo en la misma postura, pasa otra hora. El pánico atenaza cada uno de mis músculos y arruina todos mis esfuerzos por levantarme de la silla. Empieza a llover.
martes, 12 de abril de 2011
Parálisis
Veo mis brazos y mis piernas, pero no se mueven. Oigo los coches, la lavadora, alguien en la ducha. Ha pasado una hora y sigo en la misma postura, presa del pánico. Sé que no tengo nada que temer. Y sin embargo sigo inmóvil, con la rigidez de una estatua de bronce, dejando pasar los minutos. Suena Dinah Washington en alguna parte. Sólo necesito a alguien que desencante el hechizo, que me despierte del sueño, que me devuelva a la vida terrenal, mientras soy consciente de que mi cuerpo está aquí, solapándose conmigo. Pero no lo siento, sólo reconozco el miedo, que llena los antebrazos, los hombros, la espalda. La habitación está cada vez más oscura. Sigo en la misma postura, pasa otra hora. El pánico atenaza cada uno de mis músculos y arruina todos mis esfuerzos por levantarme de la silla. Empieza a llover.
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