A la señora Bartolotti le llega un paquete a casa en el que hay una gran lata. La abre y hay una especie de niño arrugado y reseco, que resulta ser como esas sopas instantáneas cuyos ingredientes llegan a su máximo esplendor una vez mezclados con agua. La señora Bartolotti es una señora dejada y pasota a la que se le va mucho la olla, y le han regalado un niño que resulta ser modélico. El niño entra en una serie de conflictos emocionales y morales porque, aceptémoslo, ser un niño modélico no es fácil. Si el niño tiene que hacer caso a su nueva madre pero es consciente de que la mujer está fatal de la cabeza y encima le incita a hacer cosas no-modélicas, el niño se bloquea un poco porque haga lo que haga, la caga. Al final se descubre que todo ha sido un error de la oficina de correos (no voy a entrar en ese tema) y se aclara el asunto. Lo malo es que claro, la señora Bartolotti se ha encariñado ya del pequeño Konrad al que ha corrompido para que se porte mal y al final se arma un pitote porque la familia a la que iba dirigido el niño pasa total de tener un pequeño gamberrete y todo acaba con algo así como Konrad lanzándoles judías verdes a los padres modélicos desde lo alto de las escaleras y diciéndoles que son unos putos rancios.
Puede que mi sinopsis esté algo perjudicada por mi memoria. Fue mi libro favorito… hace 17 años.
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